Los periodistas “humanitarios”

04/Jul/2011

Aurora, José Danor

Los periodistas “humanitarios”

30/06/2011 OPINIÓN Autor: José Danor
Una vez más, grupos “humanitarios” envían sus embarcaciones con rumbo a la Franja de Gaza a pesar de la abierta oposición de las autoridades israelíes y de países no menos fieles a los principios democráticos.
Esto llegó a tal punto que el ofendido líder turco Tayyp Erdogan, por medio de su canciller, recomendó a los organizadores que prorroguen la salida. Ni hablar del hecho de que como ejemplo de terrible violación de derechos humanos tienen allí nomás a su amigo entrañable, Bashar Assad, asesinando a manifestantes inocentes como si fueran moscas.
De nada valieron los pedidos ni las explicaciones en el sentido que en Gaza no hay ninguna crisis. El Gobierno egipcio abrió el paso de Rafíaj, violando acuerdos internacionales pero eso es un detalle sin importancia y es evidente que la única crisis que sufre la población es debido al régimen brutal de los terroristas de Hamás.
El director de la Oficina de Prensa del Gobierno, para agregar un tono dramático a los sucesos, comunicó que la participación de periodistas en la Flotilla es un acto ilegal. Para estos casos la ley contempla, a estar por sus aseveraciones, la expulsión del país y la prohibición de entrada por un período de diez años así como la requisa del equipo de trabajo (cámaras fotográficas, computadoras, etc.).
La resolución oficial dio inicio a una polémica en torno a la libertad de prensa y la tarea de los corresponsales en una zona conflictiva e inestable como la de Oriente Medio. La Asociación que los agrupa amenazó con recurrir a la Suprema Corte, mientras que la Oficina de Prensa sostiene que está avalada por los asesores jurídicos y la ley le asiste. Posteriormente, viendo el cariz que tomaba el asunto, el primer ministro Biniamín Netaniahu dio marcha atrás, señalando que se buscará la manera de garantizar el trabajo de la prensa.
El debate va más allá de lo circunstancial. Por un lado está en juego el derecho del público a recibir información y por el otro la seguridad de los participantes en la Flotilla y los comandos que tienen a su cargo la detención de los “humanitarios”.
El primero tiene, por supuesto, todo el derecho a disfrutar de la libertad de prensa mientras que la experiencia indica que, por lo menos en parte, los activistas pacíficos no son tales. De lo contrario en la anterior ocasión no habrían portado utensilios “humanitarios” que sirven de armas como barras de hierro, sierras portátiles, hachas y demás que para los colegas que les acompañaban en el Mavi Marmara eran transparentes, porque no aparecieron en sus crónicas.
Para ellos, los comandos que abordaron la nave fueron heridos por sus propios compañeros mientras que los muertos y heridos del otro lado fueron víctimas de los agresores israelíes y no de su propia violencia.
Con estos antecedentes y bajo la perspectiva de que en este viaje, otra vez la presencia de periodistas “objetivos” sirva para caldear los ánimos más que para informar, aparecieron las nuevas reglas de juego con un mensaje muy específico: el que quiere participar que sepa que eso tiene un precio.
Mientras tanto, los corresponsales que tanto informan acerca de la “horrible“ situación que se vive en la Franja de Gaza lo hacen cómodamente desde sus habitaciones en hoteles de Jerusalén. En parte, como no hay cifras oficiales prefiero no decir que en su mayoría, nunca estuvieron en Gaza ni se acercaron a la zona que limita con Israel. Mucho menos recorrieron las poblaciones israelíes que sufrieron durante largos años por los miles de proyectiles que los terroristas lanzaron salvajemente desde el territorio dominado por los pacifistas de Hamás.
Estas campañas de relaciones públicas internacionales, porque la Flotilla es eso, deberían servir para que Israel, en forma inteligente, revele al mundo la realidad y no para avivar el fuego del odio de quienes, de todas maneras, están convencidos que nuestra presencia aquí está demás.